23 de febrero de 2011

-Las cuerdas de Lia- Cap. 4

 Despertar de un maravilloso sueño de golpe, sudando y ahogándote como en una pesadilla no es agradable, y si además te golpeas la cabeza contra la tapa de un baúl la cosa no mejora.


 Lia salió del baúl y se tumbó en el suelo. Estaba mareada, pero se sentía feliz, más feliz de lo que nunca había estado, y sabía porqué. Por fin había encontrado un escondite que de verdad la alejaba del mundo real, ese que tanto odiaba y que tanto daño le había hecho, y además no estaba sola, no como en su cuarto. Tenía que investigar quien era, pero primero debía buscar la forma de llegar a su cuarto sin que su abuela la oyera... La ventana. Saldría por la del desván y entraría por la de su cuarto, pero en el desván solo había una ventana, y era muy pequeña. ¿Que otra cosa podría hacer? Tenía que intentarlo. Subió la persiana y abrió la ventana. Se asomó. Era una tercera altura, y aunque hubiera césped, la caida era peligrosa. Pasó las piernas y se sentó en el borde, fue descendiendo hasta quedar colgando del marco. Apoyó los pies sobre la celosía y empezó a bajar. La ventana de su cuarto estaba cerrada, y sin un punto seguro donde apoyarse le era imposible abrirla. Se paró a pensar. En ese momento parte de la celosía cedió y Lia perdió el equilibrio, se quedó colgando del borde de su ventana, pero estaba mojado por la lluvia y se resbaló. El golpe no fue muy duro, pero se lastimó un tobillo, y sus brazos estaban llenos de arañazos, al igual que sus manos. Se quedó en el suelo mojado por la llovizna de aquella mañana, observando como el sol se ocultaba tras el bosque que rodeaba su casa. Notó un leve ronroneo tras su espalda.

- Nina, ¿Qué haces aquí?

 La gata maulló como queriéndole decir "¡Me habéis dejado fuera!". Nina era dulce y suave , como esos algodones de azúcar de las ferias. Pero ella no era de ese rosa azucarado, no, ella era blanca y marrón, como un bombón. Dulce y cariñosa como un bombón. Por las noches subía a la cama de Lia y se acercaba a acariciarle la cara con su cabecita, se metía en el hueco que solía dejar Lia entre su brazo y su pecho, y ronroneaba hasta dormirse. Fue el único recuerdo agradable que se llevó de casa de sus padres. El mejor regalo que le habían hecho. Fue en su décimo cumpleaños y sus padres aun se querían.

 Cogió a Nina en brazos y se fue a la puerta. Subía los escalones del porche cuando su abuela abrió la puerta.

- ¡Lia! ¿Pero qué...? ¿De dónde...? ¿Como te...?

 A falta de amigos, Lia tenía mucha imaginación. Sabría salir de esta.

- Déjame pasar y te lo explico, que me duele el tobillo...

 Llegaron al salón, dejó a Nina en el sillón y se acercó a la chimenea. Estaba muerta de frío.

- Te fuiste y bajé a merendar, pero no vi a Nina, así que salí fuera a buscarla...

 Su abuela, mientras tanto llamaba por teléfono.

- Gracias Hector... Sí, ya está aquí... Siento haberos molestado... De verdad, muchas gracias...
- ¿Has llamado a la policía?
- ¡Desaparecíste sin avisar! Y ahora cuéntame por qué salíste.
- Fui a buscar a Nina, y en el bosque escuché unos gatos peleando. Entré a ver si era Nina y me perdí. Estaba asustada y empecé a correr, me doblé el tobillo y me caí. Cuando me desperté me dolía la cabeza, creo que me di un golpe al caerme. Al levantarme vi el árbol del columpio y me pude orientar.

 Lia se puso a llorar, no sabía si por el susto al caerse de la ventana o por la culpabilidad de estar mintiendo a su abuela, que había llamado a la policía y que ahora la estaba abrazando al ver que lloraba.

- ¿Y todos estos arañazos? - Preguntó asustada mientras le cogía los brazos.
- Al llegar a casa oí a Nina maullar detrás de casa, fui y la vi en el borde de mi ventana, que estaba cerrada. No podía bajar, así que subí a por ella trepando por la celosía...
- ¿No hubiera sido más fácil cogerla desde tu cuarto?
- Supongo, pero no lo pensé... La tenía en brazos cuando la celosía se descolgó, me caí y me arañé los brazos y las manos...
- Mi vida... - Y la volvió a abrazar.
- Lo siento...
- ¿El qué sientes?
- Lo de la policía...
- Sabes que a Hector no le importa, además, esto era importante.
- Y lo de la celosía...
- Eso ya se arreglará mañana. Ahora sube a ducharte y descansa. A la hora de cenar te llamo y comes algo.

 En la bañera se sentía a gusto y no le apetecía moverse, pero pensar en lo bien que se estaría en la cama le daba fuerzas para salir. Se secó y se puso el pijama.

 Tenía muchas cosas que hacer a parte de los deberes, como averiguar quién era aquel chico. Pero estaba muy cansada y tenía sueño, además, quería que acabara el día y empezar uno nuevo. Eso solo podía conseguirlo adelantando el tiempo, ¿Cómo? Pues durmiendo. Los pros de irse a dormir ganaban a los contras, al menos aquella vez, así que apagó la luz y cerró los ojos. Tenía la sensación de que el día siguiente sería diferente.

Continuará...

10 de febrero de 2011

-Las cuerdas de Lia- Cap. 3

- ¿Tus padres te enseñaron que no hablaras con desconocidos? Pues no les hagas caso, algún día tendrás que hablarme.

 Lia seguía muda, en blanco, tumbada sobre la arena y sin poder moverse...tal vez por miedo. El extraño chico se acercó y la sentó, le cogió de la barbilla para mirarla a los ojos y le preguntó.

- En serio. ¿Estás bien? ¿Te pasa algo?
- N-no, quiero decir, sí, estoy bien... ¿Pero que ha pasado?
- Ni idea, has aparecido aquí.

 Lia se incorporó y se notó ligera, como si las cuerdas de su cabeza, brazos y piernas la dirigieran. Se sacudió la arena del pantalón y miró a su alrededor. Era un lugar precioso, una playa de arena blanca y olas color púrpura que iban y venían, dejando la arena que rozaban de un púrpura más claro. Un sol granate iluminaba aun el paisaje y conseguía que aquellas formas geométricas que sobresalían de la arena se volvieran rojas.

- ¿Donde estoy? ¿¡Como he llegado aquí!? ¿¡¡Quién eres tu!!?
- ¡Tranquilízate un momento!
- Vale... Lo siento...
- A ver... No sé donde estamos, nunca lo he sabido. Creo que has llegado entrando en el baúl. ¿No?
- Si... ¿Y tu quién eres? ¿Por qué estás aquí?
- ¿Esto es un interrogatorio o qué? Para una persona que veo en tantísimo tiempo...
- Perdona, no sabía...
- Que va, la culpa es mía. Es normal que estés nerviosa. Mira, se poco más que tú. Lo único que recuerdo es que vivía en aquella casa y que entré en el baúl. Ni siquiera recuerdo mi nombre...y tampoco se cuanto tiempo llebo aquí pero he visto anochecer muchas veces, y no es agradable...
- ¿Por qué? ¿Qué pasa cuando anochece?
- Que la oscuridad lo inunda todo y no puedes ver nada. Yo tengo miedo a la oscuridad y estar solo así no es agradable...

 Lia sonrió. Se sentía identificada con aquel chico y empezó a verlo con otros ojos.

- Me quedaría contigo, pero tengo que volver. Te prometo que mañana vendré a verte.
- ¿De verdad? Vale, pero debes irte antes de que anochezca, si no, no podrás volver.
- ¿Y como vuelvo?
- Entra en el agua...
- ¿Comó? ¿Qué dices? ¡Me ahogaré!
- No te ahogarás, confía en mi. ¿Comó te crees que has llegado aquí?
- ¿Y tu por qué no vienes?
- No puedo - Y se miró las cuerdas.
- Entonces yo tampoco puedo.
- Esas cuerdas solo están atadas. Las mías forman ya parte de mi... Está anocheciendo, vuelve...
- Adiós...

 Y echó a andar hasta que las olas mojaban sus pies. La sensación era agradable, no parecía agua, era como si una cálida brisa acariciara sus pies. Se giró para ver al chico una vez más.

- ¿Cómo te llamas?
- ¡Lia!

Siguió andando y se perdió en el mar.

Continuará...