18 de abril de 2011

Deseo textual

 Aspirar tus letras, tus sílabas, cada palabra que mancha las hojas, dibujando en el papel, dándole formas de siluetas tumbadas sobre la arena, apoyadas en tu piel. Una playa que huele a tus ideas desnudas tomando el sol, y tus sueños cruzados, que me impiden ver lo que escondes en la imaginación. Despertar cada mañana mientras me susurras esa brisa al oído, y que al abrir los ojos, Abril no se haya ido; entonces mirarte, mirarte y aprenderte de memoria, cada una de esas sombras que hacen que recorra todos esos lunares que a través de las sábanas me dan pistas de que aun estás desnuda, acariciándote los versos con besos y lecturas, y pasar las páginas de tus labios, y compartir cada verso que me das, y unirlos en estrofas imperfectas, llegar a lo profundo, lo que aun me oculta el mar; mares en los que se juntan tus soles con mis lunas, eclipses fugaces, ¿fantasías en la espuma? Que se ericen nuestras pieles, como pequeños erizos de amar, que se suben un tus olas, y te marcan cada hora que te pasas sin pensar, que te miro, que te sigo y te pido alguna más para que estemos tumbados, y que ahora y a tu lado las orillas ya se van, y se marchan y me siguen; te descuidas y en los fines de tu cuerpo puedo ver, que te tapas, que te ocultas, que te quiero sin querer...

15 de abril de 2011

A.A. (Amantes Anónimos)

 No se ni como conseguí llegar con ella de mi mano, hasta mi cuarto. Me tumbé en esa cama desecha y besé sus labios mojados; unas gotas caían por su cuello; la sujeté del culo y la acerque aún más a mi para poder tenerla sobre mi boca más tiempo...

 Era la única que conseguía hacerme sentir esas cosas, me llevaba al cielo, me hacía perder el control; sin ella lloraba, me volvía loco, agresivo. Me dijeron que no me convenía, que la dejara; pero los dejé a ello, por ella; yo la amo, la necesito...

 Pasé mi lengua por su cuello, era igual de frío que ella, igual de frío que esas gotas que acariciaban su cuerpo semidesnudo, tapado únicamente por aquella etiqueta que rezaba algo que yo no conseguía leer...No se ni quien era, tal vez Heineken, Amstel...no lo se...pero la quiero...

13 de abril de 2011

Haciendo negocios

 Ese viejo verde se estaba beneficiando a mi hermana, y coge esta mañana y me suelta, "No te frustres, yo solo quería ver arte, y Cristel es tan inocente como la estatua del busto de una ninfa". Acabó la frase y fue al baño, lo empujé contra la bañera y se abrió la nuca. Un accidente... ¡Será pedante! ¡Será pederasta! ¡Será!...penosamente ridículo... Abrí el grifo de la ducha para que todo fluyera con sutileza, sin prisa pero sin pausa, mientras que el muy ingenuo intentaba gritar, emitiendo gemidos de esos de cuando te vas a correr. Le di al pestillo y cerré desde fuera, bajé a la cocina.

Pan, manteca, azúcar, café..."¿Todo esto para el marqués?" "Sí, y no lo toques" "Se está duchando, y esto frío no hay quien se lo coma".

Al rato llaman al timbre. "Es la gorda del segundo" "¿Qué quiere?" "Que cerremos el grifo del baño, que está cayendo agua en su casa" "¡Ala! ¿Ya le ha dado un síncope al viejo?" De fondo se escucha un "Oh, dios mío". Llego y está Cristel con una radiografía en la mano, la puerta del baño abierta, y un fantasma en su rostro angelical.

"Un terrible accidente, señor agente. Estamos destrozados" (¿No querías arte? Pues en el cielo verás angelitos, viejo).

"Por lo menos habrá puesto algo de su herencia a tu nombre" "Claro, todo..." Y lloramos; ella de pena, yo de alegría. Negocio redondo.

11 de abril de 2011

Al tío del alquiler.


 No hay diferencia alguna entre mi apartamento y la celda de una cárcel. Los barrotes de las ventanas te agobian y no te dejan respirar, pero según mi exmujer debo ver el lado positivo de las cosas; con los barrotes en cada ventana han dejado de entrar a robar, que estemos divorciados es un lujo, nos lo montamos si compromiso y la aguanta el capullo de su novio, en la cárcel se comía de puta madre, no como aquí, que los rollitos están pasados y el arroz chino sabe a sudor de chino. Odio la comida china, odio el barrio chino, y odio que no hayan gatos en esa zona; pero entre el alquiler, la pensión que le paso a esa zorra tan positiva y que ya no tengo trabajo, no puedo comer otra cosa. Lo sucia que es la vida en este suburbio, lo difícil que es salir de aquí. O robas o dejas que te den por el culo; y conmigo quieren hacer eso las editoriales. Seré un iluso, pero yo no vendo mi literatura a peso, escribir es un arte del que se puede vivir, pero no es una vida que puedas convertir en arte a golpe de talón, cheque y sexo. Me criticaban por ser tan tétrico en mis escritos: muerte, sexo y excesos. Pues en esta, mi última obra no va a ser diferente...
 Esta es mi carta de suicidio. Le he pedido la soga al dueño del piso, y mañana le deberé tres meses de alquiler, así que me encontrará aquí arriba, nunca mejor dicho. Buenas noches, y Amén.